Los ataques iraníes con drones y misiles han obligado a Qatar a detener temporalmente la producción de GNL en Ras Laffan y a declarar fuerza mayor en contratos con compradores internacionales. QatarEnergy destaca que se trata de un shock potencialmente mayor, en volumen, al que sufrió Europa cuando Rusia redujo sus entregas de gas en 2022, dado que el GNL qatarí y emiratí mueve unos 120 bcm anuales, frente a los 70 bcm rusos que se perdieron en aquel momento. Aunque Europa importa sólo una fracción de su gas desde Qatar, el mercado de GNL es global: cualquier déficit regional empuja al alza los precios y genera competencia entre Asia y Europa por los cargamentos disponibles. El TTF europeo ya se ha encarecido alrededor de 50%, y analistas prevén que una interrupción prolongada podría forzar un nuevo episodio de “gas caro” para la industria europea, afectando su competitividad y acelerando la discusión sobre subsidios, deslocalización y transición energética. China, gran compradora de GNL qatarí, podría recurrir a aumentar el uso de carbón para compensar, mientras la UE tendrá que usar reservas, contratos con EE.UU. y Noruega, y medidas de ahorro si el shock se extiende.
Este episodio evidencia que la solución europea a la crisis del gas ruso (sustituirlo por GNL) ha creado nuevas vulnerabilidades: ahora la seguridad energética depende de la estabilidad de una sola ruta marítima (Ormuz) y de pocos proveedores. También acelera la competencia geopolítica por tecnologías de almacenamiento, hidrógeno y renovables, donde China y la UE buscan reducir su exposición a combustibles fósiles importados.
Proyección para el Perú:
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Economía y comercio exterior: un gas europeo caro se traduce en energía más cara para su industria; esto puede debilitar la demanda por metales y por bienes industriales intermedios, afectando exportaciones peruanas de cobre y zinc en el margen.
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Precio de commodities: la presión sobre el GNL empuja también al alza diésel y otros derivados, reforzando las presiones que ya sufre el Perú como importador neto de combustibles.
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Política monetaria: una nueva ola de encarecimiento energético externo obligará al BCRP a vigilar efectos de segunda vuelta, en especial transporte y alimentos, con posible retraso en la convergencia de la inflación a la meta.
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Política exterior económica: refuerza la urgencia de una estrategia peruana de diversificación energética (hidro, solar, eólica, posible GNL por vía marítima) y de cooperación con socios tecnológicos (UE, Japón, EE.UU.) para inversión en energías renovables y resiliencia de redes.












