La Reserva Federal llega a su reunión de esta semana en un contexto mucho más complejo de lo esperado hace apenas unos meses: por quinto año consecutivo proyectó que la inflación convergería al 2%, pero el dato subyacente PCE ha repuntado hacia niveles algo por encima del 3%, el avance desinflacionario se ha frenado y ahora se suma el shock de la guerra en Irán, que amenaza con encarecer de nuevo energía y commodities justo cuando la economía estadounidense muestra signos de fatiga, con un crecimiento del PIB revisado a la baja y solo 10 000 empleos creados al mes de media el año pasado y una pérdida de 92 000 plazas en febrero. El dilema de Powell y su Comité es si mantienen el “sesgo” de próximos recortes o admiten, en sus proyecciones y comunicado, que la siguiente movida podría ser un alza o una pausa mucho más prolongada, en un entorno donde los mercados ya han reducido drásticamente la probabilidad de recortes en 2026, aumentan la chance de subidas, el rendimiento del Treasury a 10 años ronda el 4,2% y la curva de tipos se replantea, afectando valorizaciones bursátiles, costo del crédito y flujos hacia emergentes. Estratégicamente, la Fed enfrenta el riesgo de repetir un “transitory 2.0”: si minimiza el impacto del shock petrolero y la erosión de expectativas inflacionarias en un contexto de cinco años con inflación sistemáticamente por encima de la meta, puede perder credibilidad; si, en cambio, sobrerreacciona con un sesgo demasiado duro, puede empeorar un mercado laboral que ya luce frágil en el margen, con morosidad al alza y ahorros de los hogares de ingresos medios y bajos prácticamente agotados. 🇵🇪 Para el Perú, que es tomador de tasas y precio del dólar, una Fed más hawkish significa un escenario de dólar estructuralmente fuerte, encarecimiento del financiamiento externo soberano y corporativo, mayor sensibilidad de flujos de cartera a cualquier ruido político local y menos espacio para recortes agresivos del BCRP sin sufrir salidas de capital y depreciación abrupta del sol; esto obliga al MEF a ser más prudente en emisiones en moneda extranjera, privilegiar deuda en soles a plazos largos, y a las empresas peruanas a revisar su exposición al dólar, fortalecer coberturas y diferir inversiones altamente apalancadas, mientras los ciudadanos verán crédito más caro, hipotecas más restrictivas y un entorno donde la educación financiera —sobre cómo endeudarse, ahorrar y dolarizarse prudente y selectivamente— será clave para proteger sus bolsillos.



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