Aunque el precio promedio de la gasolina en EE.UU. retrocedió ligeramente, el secretario de Energía Chris Wright admitió que no sabe cuándo volverán los niveles previos a la guerra y dejó abierta la posibilidad de que eso no ocurra hasta 2027, reconociendo que el shock energético puede ser más persistente de lo que la Casa Blanca prometió.

La razón principal es que el problema no se limita al crudo, sino a la seguridad del tránsito marítimo, la percepción de riesgo y la posibilidad de nuevas interrupciones en el Golfo, factores que hacen más rígida la corrección de precios. En este contexto, la discusión energética vuelve a cruzarse con la agenda climática: cada nueva crisis de combustibles fósiles refuerza el argumento de diversificar matrices, acelerar eficiencia y reducir dependencia de cuellos de botella geopolíticos.

El país debe leer esta coyuntura no solo como riesgo inflacionario, sino como incentivo para acelerar gas, renovables, transmisión eléctrica y movilidad menos dependiente del diésel y de la gasolina; cuanto más vulnerable sea la matriz energética peruana al petróleo importado, mayor será el impacto sobre hogares, transporte y competitividad.

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