Aunque la guerra se concentra en Medio Oriente, analistas resaltan que Irán lleva años construyendo presencia en América Latina mediante alianzas con regímenes como Venezuela, Cuba, Nicaragua y redes como Hezbollah, aprovechando corrupción y vacíos institucionales.
En Venezuela, empresas como EANSA han ensamblado drones de combate iraníes Mohajer‑6 bajo supervisión de Qods Aviation Industries, según sanciones del Departamento del Tesoro, y se denuncia la emisión de pasaportes a agentes iraníes para facilitar su movilidad regional.
La reciente operación militar estadounidense “Absolute Resolve” contra Caracas depuso a Maduro pero dejó en el poder a una dirigencia de continuidad, manteniendo la incógnita sobre la continuidad de redes iraníes, entrenamiento y cooperación en territorio venezolano.
En paralelo, cambios recientes en la región (gobiernos más conservadores en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Honduras, Paraguay, Costa Rica, Panamá, y una postura más ambigua de México) han reducido el espacio diplomático más abiertamente pro–Teherán.
Para Perú, la combinación de guerra en Irán y presencia de sus redes en Sudamérica refuerza la importancia de la cooperación regional en inteligencia, la revisión de acuerdos con regímenes aliados de Teherán, y una lectura cuidadosa de los equilibrios entre Washington, Caracas y otros actores.

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