Mientras Trump reclama públicamente a Xi Jinping que envíe buques de guerra chinos a escoltar petroleros en Ormuz –recordándole que cerca del 90% del crudo que consume China pasa por ese estrecho–, en Zhongnanhai el dilema es evidente: si China participa en una coalición de seguridad liderada por EE. UU., de facto estaría reconociendo la centralidad del orden dolarizado y la primacía militar norteamericana; si se mantiene al margen, corre el riesgo de ser señalada como corresponsable del caos energético y de quedar aislada si el conflicto se prolonga. Hasta ahora, Pekín había intentado construir, vía BRICS y acuerdos bilaterales, una arquitectura energética y financiera alternativa basada en el yuan, apoyándose en proveedores “no occidentales” como Irán, Venezuela y Rusia; pero la combinación del derrocamiento de Maduro, la ofensiva contra Irán y el levantamiento parcial de sanciones a Rusia –con la condición de que el pago vuelva a hacerse en dólares– golpea directamente ese proyecto y obliga a China a comprar más crudo en el mercado abierto y en la moneda de siempre. Estratégicamente, la jugada de Trump busca neutralizar el avance del yuan como divisa petrolera, reenganchar a Moscú en el circuito financiero occidental bajo sus términos y colocar a Pekín ante una elección incómoda justo antes de una visita presidencial a China que ya ha tenido que posponerse por la guerra. Para el Perú, las decisiones de Pekín son clave porque China es nuestro principal socio comercial y gran comprador de cobre: si la economía china absorbe sin colapsar el shock petrolero –comprando crudo más caro en dólares, pero manteniendo su gasto en infraestructura y manufactura–, la demanda de cobre y otros metales peruanos puede sostenerse o incluso aumentar; si, por el contrario, China opta por un ajuste más fuerte del crédito y del gasto para compensar el encarecimiento energético, podríamos ver presión a la baja en cotizaciones de metales y un deterioro en nuestras exportaciones; además, un freno al proyecto del “yuan petrolero” refuerza al dólar, lo que suele traducirse en un tipo de cambio más alto en Perú, encareciendo importaciones pero mejorando los ingresos en soles de exportadores mineros, por lo que tanto empresas como el MEF deberían modelar escenarios dólar fuerte / cobre alto versus dólar fuerte / China más débil para orientar inversiones y política fiscal.









