MoneyWeek destaca que el auge del shale estadounidense ha convertido a EE.UU. en el mayor productor de petróleo desde 2017 y en uno de los principales exportadores de GNL, con más de la mitad de la producción petrolera global ya fuera de la órbita de la OPEP. La administración Trump argumenta que esta “dominancia energética” le otorga margen para actuar en Medio Oriente sin temor a un shock de petróleo como en los años 70, dado que las economías son hoy menos intensivas en energía y disponen de más reservas.

En un sistema energético más diversificado, la capacidad de EE.UU. para absorber shocks (e incluso beneficiarse de precios más altos) contrasta con la vulnerabilidad de importadores netos; esto refuerza su influencia sobre aliados europeos y asiáticos, que dependen de su GNL como sustituto al gas del Golfo o de Rusia.

Proyección para el Perú:

  • Commodities y energía: la existencia de un proveedor flexible de GNL puede limitar la magnitud del shock de precios, pero no evita la volatilidad; para el Perú, la opción de importar GNL estadounidense en el futuro dependerá de infraestructura de regasificación y marcos contractuales.

  • Política exterior económica: se abren espacios para profundizar la cooperación con EE.UU. en materias de transición energética, minería de metales críticos y seguridad de cadenas de suministro, lo que puede ser estratégico para el posicionamiento del Perú.


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