En Estados Unidos, la Reserva Federal llega a su reunión de marzo atrapada entre un mercado laboral que empieza a mostrar señales de debilidad —con pérdidas de empleo en Canadá, PBI plano en el Reino Unido y datos mixtos en Europa— y un shock energético que empuja al alza las expectativas de inflación, reduce las probabilidades de nuevos recortes de tasas en 2026 y ha fortalecido al dólar, encareciendo el costo de financiamiento para economías endeudadas en esa moneda. El índice del dólar (DXY) se mantiene alrededor de 100 puntos, las tasas largas han subido con volatilidad y los bancos centrales como el BCE y el Banco de Inglaterra insisten en que su postura será “dependiente de datos”, conscientes de que un petróleo por encima de 100 dólares puede reavivar la inflación justo cuando parecía controlada, mientras Japón sufre un yen debilitado hacia 160 por dólar y se ve obligado a subsidiar combustibles y liberar reservas estratégicas para proteger a hogares y empresas. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha lanzado nuevas investigaciones comerciales (Sección 301) contra más de 60 socios por temas de trabajo forzoso, mantiene aranceles del 10% sobre un amplio abanico de importaciones y evalúa restablecer parte de los ingresos arancelarios perdidos, lo que alimenta un entorno de mayor proteccionismo y fragmentación que se suma a los riesgos de guerra y energía cara. Para el Perú, un dólar más fuerte, tasas globales más altas por más tiempo y mayor proteccionismo significan condiciones financieras externas más exigentes y un costo mayor para colocar deuda soberana y corporativa, al mismo tiempo que los ingresos por cobre y oro pueden mejorar; el BCRP deberá calibrar con precisión su tasa de referencia para no ahogar la recuperación interna ni desanclar expectativas de inflación, el MEF tendrá que ser prudente en nuevas emisiones en dólares y priorizar soles y plazos largos, y las empresas peruanas, sobre todo las más apalancadas en moneda extranjera, deberían revisar su perfil de deuda y sus coberturas cambiarias, mientras los ciudadanos sentirán el impacto en el crédito, las pensiones y el tipo de cambio, por lo que la educación financiera y la comunicación clara serán claves para evitar decisiones impulsivas en un entorno global más inestable.
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