La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha recomendado la mayor liberación coordinada de reservas de petróleo de su historia, del orden de 400 millones de barriles, para amortiguar el impacto del conflicto en Irán sobre los precios de la energía. Los países miembros disponen de más de 1.2 mil millones de barriles en reservas públicas, a lo que se suman unos 600 millones en stocks industriales obligatorios, equivalentes a varias semanas de importaciones netas. Alemania y Austria ya anunciaron que pondrán parte de sus reservas en el mercado, mientras Japón planea iniciar ventas a partir del lunes siguiente al anuncio. En paralelo, EE. UU. sopesa nuevas liberaciones de su Reserva Estratégica de Petróleo, actualmente en torno a 415 millones de barriles tras haber sido drenada durante la crisis de precios post invasión de Ucrania en 2022. La experiencia histórica muestra que estas operaciones pueden calmar temporalmente los mercados, como ocurrió durante la Guerra del Golfo de 1991, pero su eficacia depende de la magnitud del shock y de la rapidez con que se restablezca el flujo físico de crudo. Liberar reservas supone además “traer oferta del futuro al presente”, generando la necesidad de recomprar crudo más adelante para reconstituir los inventarios, lo que puede sostener una demanda adicional en el mediano plazo. Expertos señalan que, a diferencia de 2022, el mundo llega a este episodio con reservas más bajas, menor margen de maniobra y un entorno macro ya tensionado por inflación y tasas de interés elevadas. Los ministros del G7 también han discutido medidas regulatorias complementarias, como limitar la frecuencia de ajustes de precios de combustibles en estaciones de servicio para evitar “sobrerreacciones” especulativas.
La liberación coordinada de reservas es un instrumento de “política energética colectiva” que refuerza la credibilidad del bloque occidental frente a shocks de oferta, pero no sustituye la necesidad de diversificar fuentes y rutas de suministro. Al ser una respuesta defensiva, señala al mismo tiempo la persistente vulnerabilidad del sistema energético internacional frente a puntos de estrangulamiento como Ormuz. Desde una perspectiva geopolítica, la coordinación AIE-G7 busca también enviar una señal a productores como Rusia e Irán de que su capacidad de “armar” el petróleo tiene límites cuando los consumidores actúan de forma concertada.
Proyección para el Perú
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Economía peruana: una liberación significativa podría moderar el alza del petróleo y contener parcialmente el impacto inflacionario en combustibles e insumos importados.
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Comercio exterior: menores picos de precios reducirían la volatilidad de costos de transporte marítimo para exportadores peruanos, aunque el nivel de fletes seguirá elevado mientras persistan riesgos de navegación.
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Precio de commodities: si las reservas logran estabilizar el Brent por debajo de los máximos recientes, el impulso adicional sobre precios de metales sería más acotado, pero seguiría siendo favorable para el cobre y el oro.
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Política monetaria: un petróleo algo más contenido facilitaría al BCRP anclar expectativas de inflación, reduciendo la probabilidad de endurecer la política monetaria ante un shock de combustible.
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Inversión extranjera: la capacidad de la AIE de “poner un techo” a los precios extremos mejora la previsibilidad del entorno energético, lo que puede favorecer la evaluación de proyectos de inversión de largo plazo en minería y energía en el Perú.
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Estabilidad financiera: un escenario de precios menos extremos reduce el riesgo de defaults en cadenas de transporte y energía que podrían tener efectos de contagio en los sistemas bancarios emergentes.
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Política exterior económica: el Perú, como miembro observador de varios foros energéticos, puede usar este episodio para argumentar a favor de mecanismos regionales de reserva y coordinación de emergencia en Sudamérica.









