Las sanciones y descuentos forzados habían deprimido los ingresos rusos por hidrocarburos, con ingresos de petróleo y gas a mínimos desde 2020, y cargamentos flotando sin comprador claro, especialmente hacia India.
El cierre de facto de Ormuz y la paralización parcial de exportaciones del Golfo han transformado ese panorama: el crudo ruso se ha vuelto “mercancía caliente”, los descuentos se han reducido y algunos traders intentan incluso vender por encima de los benchmarks internacionales.
Estados Unidos ha flexibilizado temporalmente algunas restricciones para permitir que grandes consumidores sigan comprando petróleo ruso con el objetivo de mitigar la escasez global, lo que refuerza los ingresos de Moscú justo cuando los precios se disparan.
Putin se muestra más desafiante, sugiriendo que podría cortar anticipadamente los últimos suministros de gas y GNL a Europa antes de los plazos de eliminación autoimpuestos por la UE, ya que se abren “nuevos mercados más confiables”.
Para América Latina y Perú, este reacomodo refuerza un patrón: los conflictos en Medio Oriente tienden a reforzar el peso geopolítico de exportadores extracéntricos (Rusia, Venezuela) y complejizan la diplomacia energética de países importadores y de línea no alineada.

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