Lo que hace un año parecía improbable hoy luce posible: análisis del New York Times muestran que los demócratas tienen una ruta factible para disputar el control del Senado en noviembre, favorecidos por la caída en la aprobación de Trump, la inflación, el desgaste de la guerra en Medio Oriente y el reclutamiento de candidatos competitivos en estados difíciles como Carolina del Norte, Ohio y Alaska.
No hay garantía de una “ola azul”, pero el mero hecho de que estados republicanos profundos vuelvan a entrar en el cálculo electoral ya dice mucho sobre el momento político estadounidense y sobre el costo interno que puede tener para Trump una presidencia marcada por conflicto externo, choques institucionales y tensiones económicas. En paralelo, el panorama en la Cámara de Representantes sigue condicionado por batallas sobre redistritación y diseño electoral en estados como Virginia, lo que convierte la gobernabilidad de 2027 en una pregunta abierta.
La política de Washington no es un espectáculo lejano; si el equilibrio de poder cambia, también puede cambiar la política comercial, climática, migratoria y de seguridad hemisférica de EE.UU., con efectos sobre inversión, financiamiento y relaciones con América Latina; para el Perú, conviene seguir no solo a Trump, sino también a un posible Congreso dividido que podría frenar o rediseñar prioridades de la Casa Blanca.












